The Fall: cuando alguien entra en nuestra historia y termina ayudándonos a seguir
Publicado: 16 de agosto de 2026 a las 6:00 p.m.
Por Netzahualcoyotl Lozano
The Fall: cuando una historia imaginada entre dos personas puede convertirse en una razón para seguir.
Roy Walker está inmóvil en una cama de hospital. Es un doble de acción del cine mudo que ha sufrido un accidente y atraviesa uno de los momentos más oscuros de su vida. Alexandria es una niña inmigrante que también está hospitalizada después de una caída. Ambos están heridos, aunque de maneras completamente diferentes, y es precisamente ese encuentro el que pone en movimiento The Fall: El sueño de Alexandria, dirigida por Tarsem Singh.
Roy comienza a contarle una historia fantástica poblada de héroes, enemigos, lugares imposibles y grandes aventuras. Alexandria escucha y convierte las palabras en imágenes desde su propia imaginación, de modo que aquello que él relata y aquello que ella comprende no siempre son exactamente lo mismo.
Ahí aparece una de las ideas más hermosas de la película: una historia deja de pertenecer completamente a quien la cuenta cuando otra persona comienza a imaginarla.
La fantasía también esconde algo mucho más oscuro.
Sería fácil describir The Fall como una película sobre el poder sanador de contar historias, pero eso eliminaría una parte esencial de lo que la hace tan incómoda y humana.
Roy no comienza a acercarse a Alexandria únicamente por amistad. Está profundamente deprimido y utiliza la confianza de la niña intentando convencerla de conseguirle morfina para acabar con su vida. Lo que empieza como una estrategia de manipulación va transformándose conforme ambos personajes intervienen cada vez más en la historia que construyen juntos.
Alexandria deja entonces de ser simplemente la niña que escucha.
Pregunta, protesta, modifica personajes y termina reclamando algo fundamental: la historia también le pertenece a ella.
Y cuando Roy empieza a destruir dentro de su relato aquello que ya no encuentra razones para conservar en su propia vida, la niña se resiste a aceptar ese final.
Ese choque convierte la fantasía en algo más que una fuga de la realidad. Se convierte en el terreno donde dos personas heridas pueden expresar aquello que no consiguen decir directamente.
Una película construida para ser mirada.
La dimensión emocional de The Fall convive con una de sus características más reconocibles: su extraordinaria propuesta visual. Tarsem Singh llevó la producción por numerosos lugares del mundo y construyó gran parte de su universo fantástico mediante escenarios reales, arquitectura, paisajes y un diseño de vestuario extremadamente elaborado.
Por eso muchas de sus imágenes parecen imposibles incluso antes de recordar que la película apareció en 2006.
Pero sería injusto quedarse únicamente con sus colores, composiciones y paisajes.
La belleza funciona porque está siendo imaginada por una niña mientras escucha una historia narrada por un adulto que atraviesa una profunda desesperación. Cuanto más oscura se vuelve la realidad de Roy, mayor peso adquiere el mundo que Alexandria construye en su cabeza.
La película terminó convirtiéndose con los años en una obra de culto y recibió una restauración en 4K que actualmente forma parte del catálogo de MUBI.
No siempre podemos salvar a alguien, pero podemos entrar en su historia.
Quizá la lectura más poderosa de The Fall no sea que la imaginación cura mágicamente el dolor.
La película es bastante más incómoda que eso.
Hay momentos en los que una persona puede estar tan hundida que ni siquiera la belleza, la amistad o una historia parecen suficientes. Alexandria no posee una solución extraordinaria para la desesperación de Roy. Lo que tiene es su insistencia en permanecer dentro de la historia y negarse a aceptar que todo tenga que terminar como él ha decidido.
Y eso cambia algo.
Porque acompañar no siempre significa tener la respuesta correcta. A veces consiste en escuchar, discutir el final que alguien ya daba por escrito y recordarle que todavía existen otras posibilidades.
Tal vez por eso The Fall continúa encontrando nuevos espectadores tantos años después. Detrás de sus paisajes enormes y de su imaginación desbordante hay una historia mucho más pequeña: dos personas heridas que se encuentran accidentalmente y terminan modificando la forma en que cada una mira su propia caída.
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